Se jubiló el empleado más antiguo de la Municipalidad

Cuarenta años de su vida las dedicó al Municipio. Néstor Cirullo ingresó como empleado de la Municipalidad de Rauch el 1 de junio de 1978 bajo la administración del intendente Jorge Ugarte. La democracia vivía épocas difíciles. Si bien en Rauch todo era tranquilidad, Jorge Rafael Videla era el presidente de facto de los argentinos. Cirullo recuerda que ingresó al Municipio como ordenanza: “en aquella época mi salario era igual al que percibía un empleado de albañil”.
El paso de los años lo llevó a reacomodarse dentro del Palacio Municipal, su hábitat durante cuatro décadas. “Fui un afortunado. Ingresé al Municipio con 22 años, justo cuando arrancaba el Mundial de Argentina en 1978. Ya estaba casado y mi hijo mayor tenía dos años”, recuerda.

“Soy un agradecido a la Municipalidad. Con este trabajo pude criar a mis hijos”, reitera. Casado con Gladys Rodríguez, Néstor es padre de Diego (42) Alejandro (34) y Marianela (27). “En 1984 cuando asumió el doctor Esponda como intendente me reubicaron en la oficina de Alumbrado, Barrido y Limpieza que estaba a cargo de Emilio “Buby” Fontana”, cuenta.

Néstor Cirullo fue despedido por sus compañeros tras jubilarse. Durante 40 años fue empleado Municipal.

Fue uno de los pocos empleados –el más antiguo hasta que se jubiló el 31 de agosto pasado- que trabajó con tantos intendentes: desde Jorge Ugarte (en los dos períodos), pasando por Hernán Esponda, Mario Dumón, Nicolás Sica, Jorge Petreigne y Maximiliano Suescun.  

“En 1987 cuando el doctor Sica ingresó como intendente, me designaron jefe de la Oficina de Alumbrado, Barrido, Limpieza, Conservación de pavimento y servicios sanitarios”, cargo que desempeñó hasta jubilarse. “Hice todo”, agrega: “en una época empecé a repartir los impuestos. Lo hacía por la tarde cuando dejaba el horario de oficina”.

“Realmente estoy muy agradecido. Tuve muy buenos compañeros y muy buenos jefes” recordó Cirullo. El 31 de agosto, y antes de dejar su tarea de tantos años, el intendente Suescun lo invitaron a compartir un desayuno. Sus compañeros hace algunos días le organizaron una cena despedida. Le demostraron el afecto y los lazos de amistad que con tantos años supo construir.

Se cumplió una etapa. A los 62 años, Néstor dedica sus días a la actividad rural en una chacra de su propiedad. Lejos de los papeles, los reclamos y los horarios, y en la tranquilidad que supone la vida en contacto con la naturaleza.

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