Recuerdan extremar las medidas de control antes del consumo de carne de cerdo

Adrian Guaita, director de Bromatología.

Al consumir carne de cerdo y derivados se debe cuidar que el producto provenga de establecimientos habilitados, donde se aseguren los correspondientes controles y la inocuidad, recordó el coordinador del área de Bromatología, Adrián Guaita.

El funcionario –al ser consultado sobre los cuidados a la hora de realizar las tradicionales carneadas domésticas- recordó que es fundamental realizar el análisis del cerdo faenado a fin de establecer si la carne es apta para el consumo humano. En ese sentido, Guaita mencionó que es importante “tomar un trozo generoso de entraña y llevarlo al laboratorio”. Recordó que en Rauch el único lugar habilitado es el Laboratorio Regional de Análisis Clínicos.

Cabe recordar que en predio cercanos a la planta urbana se han detectado años anteriores algún ejemplar con triquina. En ese sentido, el funcionario recomendó mantener el predio donde se encuentran los animales libres de roedores, que son los transmisores de la enfermedad.

En tanto desde Senasa provincial se aconseja el consumo de carne de cerdo, chacinados, salazones y ahumados que provengan de establecimientos habilitados y no de lugares informales, donde no se aseguren los correspondientes controles, la inocuidad y la trazabilidad de los productos adquiridos. Además, es fundamental que la mercadería posea etiqueta y/o rótulo que certifique su origen.

En ese sentido Guaita agregó que “es importante que los consumidores adquieran los productos en lugares habilitados, no por las redes sociales, y que además tengan el rótulo que cerifique el análisis y la habilitación correspondiente”.

Además, hay que tomar precauciones en el hogar. Se debe cocinar correctamente la carne hasta que su interior pierda el color rosado, a fin de prevenir la transmisión de la enfermedad.

LA TRIQUINOSIS, UNA ENFERMEDAD PARASITARIA

La triquinosis es una enfermedad parasitaria que fue diagnosticada por primera vez en la Argentina en 1898. Las personas se enferman al consumir carne insuficientemente cocida o productos sin cocción, elaborados con carne de cerdo o de animales silvestres –como el jabalí o el puma– que contienen en sus músculos larvas de parásitos del género Trichinella.

Una vez que las personas ingieren los productos infestados, las larvas migran por el torrente sanguíneo hacia los músculos, donde se alojan, y provocan fiebre, hinchazón de párpados, dolores y dificultades motrices; incluso pueden ocasionar la muerte.

En la faena doméstica y la carneada de cerdos en el campo –hábitos difundidos en la población rural y periurbana– se utilizan carnes sin cocción, con lo cual los chacinados, embutidos y salazones resultantes pueden contener larvas de los parásitos que producen la enfermedad.

La ocurrencia de esta enfermedad en los animales se ve favorecida por la crianza de cerdos en condiciones precarias, con acceso a basurales y presencia de roedores. Los cerdos parasitados no presentan signos clínicos ni su carne muestra cambios en su aspecto, color, olor o sabor.

Dado que no existen vacunas ni tratamientos para administrar en el animal vivo, las medidas de prevención consisten, principalmente, en mantener la higiene durante la crianza de los cerdos y realizar una prueba diagnóstica (por digestión artificial) luego de la faena y antes de la preparación y consumo de los chacinados.

Por tal motivo, el Senasa recomienda a los criadores mantener el ambiente de crianza en condiciones higiénico-sanitarias apropiadas, alimentarlos adecuadamente y evitar que estén en contacto con la basura e ingieran desperdicios. Asimismo, resulta muy importante combatir la presencia de roedores, ya que son posibles portadores de la enfermedad.

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