Nota de Opinión/ La nueva rebeldía

PARA LA NUEVA VERDAD DE RAUCH ESCRIBE EL LICENCIADO EN CIENCIA POLÍTICA MARTÍN CROCCI/

El cambio de época que vivimos en el mundo en general y en Argentina en particular, impacta de lleno en el plano político. Lo político como ámbito de transformación de la sociedad ha cobrado nueva relevancia post-2001 y así se pasó del “son todos lo mismo” que oíamos en los 90ʼ al “vamos por más” o, en términos políticos, a la reconsideración de la vía política como solución a los problemas y planificación del futuro. A pesar del arduo trabajo llevado adelante por grandes medios masivos de comunicación para volver a instalar el “son todos lo mismo” hay una porción de la población, en su gran mayoría jóvenes que han cambiado de una vez y para siempre su postura frente y dentro de la política. De esta forma lo que antes implicaba el concepto de rebeldía (revelarse ante el sistema político) ha invertido su carga; a saber, en los tiempos que corren ser rebelde es meterse en política, hurgar, preguntar, golpear puertas, planificar. Muchos jóvenes nos hemos formado pensando en la acción política y es legítimo que así sea. Las causas de este fenómeno habrá que buscarlas en los procesos políticos nacionales y en los procesos sociológicos que exceden a la Argentina para convertirse en una realidad  mundial: las nuevas generaciones traen otras concepciones de lo político, lo social, etc.

Así planteado el panorama, se nos presenta esperanzador para el mediano y largo plazo. Quizás quienes hoy lean esta nota lleguen a ver en sus vidas una Argentina planificada, con respeto a instituciones fortalecidas, con un crecimiento económico que implique a todos los sectores sociales, sin dejar a nadie afuera; esto es lo que se dice un desarrollo económico sustentable.

Resta agregar que aún a pesar del empuje que traen consigo las nuevas generaciones, no todo es tan sencillo, y nada puede hacerse de arrebato; tal es así que se necesita imperiosamente la participación de aquellas generaciones que hoy están en los lugares de poder, para realizar un traspaso armonioso y sobre todo democrático en los roles incumbentes al poder en nuestra sociedad, es decir, no todo es voluntad pura. Para graficar este peligro que puede frustrar a una generación, vamos a usar un ejemplo: luego del golpe del ultimo golpe de Estado en la Argentina, podemos decir que una generación de sindicalistas y políticos fue exterminada de nuestro país; tras el retorno a la democracia (y más allá de las valoraciones ideológicas) la nueva clase sindicalista se encontraba ante un gran problema: no sabían el procedimiento técnico para declarar “tomada” una fábrica, y éstas fracasaban. ¿Por qué sucedía esto? Por el simple hecho de que no sabían que para tomar una fábrica el paso número uno era cruzar las mangueras de agua (de emergencias) en las puertas, de esta forma y por motivos técnico-legales no podía levantarse la toma. Aquella generación que fuera exterminada podría haberles transmitido ese conocimiento, pero por motivos que excedían a ambos actores no lo aprendieron hasta después de varios fallos consecutivos. Lo que quiero graficar es: hay que imbuirse y contagiar esta nueva rebeldía, pero también hay que tener cuidado ya que esta nueva rebeldía implica una gran responsabilidad que la sociedad debe asumir, si aquella quiere triunfar, su desarrollo debe ser armonioso y consensuado. El desafío es grande pero el camino es auspicioso.

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