«La Palabra», a 30 años de su fundación

ESCRIBE ADRIAN RODRÍGUEZ, DIRECTOR PROPIETARIO DE MULTIMEDIOS LA PALABRA

Un día como hoy, pero treinta años atrás, comenzaba un camino, un sueño que con el tiempo se transformó en una hermosa realidad. Lo miro hoy desde la enorme distancia y tal vez no me reconozco, en aquel aventurero e inconsciente pibe que a los 23 años se largaba al acontecimiento de lanzar un diario nuevo en su pueblo.
Atrás había quedado una vertiginosa carrera de periodismo en La Plata –de donde me vine demasiado rápido-, y una primera experiencia con el quincenario “Mi Ciudad” junto a mi amigo y colega Néstor Lasala, el “Chirola”.
Un 8 de mayo de 1992 nacía “La Palabra”, un diario impreso en sistema off set, un suceso en esos tiempos, idea que se sumaba a un estilo de hacer periodismo absolutamente novedoso: desenfadado y siempre con información e investigación.
Hoy, pensando en lo que me propuse hacer, a la edad que empiezan a transitar mis hijos, intuyo un estado de linda irreflexión, que me permitió avanzar sobre una aspiración que me traería derivaciones impensadas en lo personal y profesional. Y miro entonces ahora con cierta nostalgia –y un poco de tristeza-, la complicidad genuina –y forzosa a veces- de quien fue mi mentor y guía siempre: mi querido padre Rubén Carlos Rodríguez. Él fue quien disfrutó y sufrió por partes iguales aquellos primeros años. Con su compañía de seguros ya consolidada, y con vinculación en muchas instituciones intermedias de nuestra ciudad, recibía cada 15 días –cuando salía “La Palabra”-, los coletazos de cada nota.

Aun así, nunca se interpuso en mi trabajo, por el contrario, siempre recibí su respaldo, su preocupación y consideración para tratar de ayudarme, de salvarme si era necesario. El paso del tiempo lo fue poniendo cada más orgulloso del trabajo de su hijo –como el de mis tres hermanas, cada uno en lo suyo-, al punto que solía bromear con que llegué a Rauch siendo el hijo de, y a los pocos años él pasó a ser el padre de… “La Palabra” fue un pequeño emprendimiento familiar que incluyó en esos primeros años a mi hermana Laura –una genia no solo para tipear y corregirme las notas, sino también para aconsejarme siempre bien-, y a mamá, que era mi secretaria (porque la oficina al principio estaba en mi/su casa), mi consejera y mi colaboradora en todo lo que hacía falta. Sin ella en esos primeros años (y siempre en realidad), nada hubiera sido posible. La mamá es todo, y más cuando estás arrancando. Recuerdo siempre con mucho cariño la presencia y la ayuda que me dieron en ese tiempo Gladys y Maruca. Y Walter, Daniel, Gabriel, Fede, Santiago, Pedro y Gustavo, también puntales. Años donde había que hacer de todo: las notas, el armado, llevar todo a La Plata, después la impresión a Bs. As. Y, por último, el reparto en los kioskos aquí.

Recién ahí, me podía ir a dormir, después de dos días a las vueltas. Pero el proyecto siempre fue más ambicioso, y así pasamos a un semanario. Y empezaron a llegar los viajes y el Mundial de EEUU, y Mónica, con todo lo que supuso su llegada en mi vida: nada hubiese podido ser sin ella. Y entonces se desencadenaron todos los proyectos posibles e imposibles: la realización del álbum de figuritas, el Mundial de Francia, el intento de pasar a ser un bisemanario, la posibilidad de traer internet a Rauch (con Boston Computer y a la par el Ciber), la adquisición de la imprenta propia (una Garaventa 1992 que perteneció al diario El Eco de Tandil)… Y las impresiones a color, las coberturas de las Fiestas del Ave con transmisiones en vivo interminables, y los premios. ATVC, Caduceo, cuantos mimos!!!.
Y llegada de la TV, de la mano de “La Otra Mirada”, antesala del control de la señal de Cablevisión, otro hito en el desarrollo de una empresa, que para entonces ya era el “Multimedios La Palabra”.

“La Otra Mirada” también fue un mojón en este inolvidable recorrido periodístico, que a veces me toma con nostalgia por ya no estar, pero que siempre me reconoce en ese periodista que supe ser. Para entonces, en ese inolvidable 2003, ya estaban en mi vida (y lo están hoy por suerte) Osvaldo, Ale, Gabriel, Seba, Elías y tantos otros que me acompañaron en este tiempo y que sería imposible repasar en estas líneas.Unos años que también me dieron la posibilidad de trabajar con otra de mis hermanas, Lucy, que fue también parte del programa. Después vendría “El Diario de Rauch”, otro desafío impensado tiempo atrás: la eventualidad de sacar una publicación impresa todos los días. Rauch y su cotidianeidad daban para un diario.

Con el respaldo de la edición web. Y con la incorporación de “La Nueva Verdad de Rauch”, otro de los medios que se sumaron al Multimedios. Y fue el tiempo de los gustos personales, del noticiero y de “Destino Rauch”, ese programa de entrevistas intimas que me dio tantas satisfacciones en la TV. Y las coberturas de las elecciones cada dos años… muchos propósitos aún vigentes, otros que pertenecen al recuerdo.

En 2010 llegaría la radio, el último anhelo pendiente y que se concretó después de muchos años de trabajo para conseguirlo. Radio Eich Rauch también está de festejos, porque hoy celebra 12 años al aire. Ese lanzamiento fue una alegría inmensa, pero en medio de una gran ausencia, ya que unos meses antes había perdido a mi padre, quien no pudo ver ese último logro, y por el que también seguro hubiera estado orgulloso. Su partida coincidió con la del Chirola, quien también se nos fue en ese fatídico 2009, cuando lo teníamos trabajando en el canal, y estaba feliz de hacerlo.

La partida de papá supuso un cambio abrupto en mi vida laboral, y el nuevo rol al frente de la Compañía de Seguros Nativa, de la cual él supo fundar y comandar durante 41 años, y en la que intento continuar su legado desde hace ya casi 13.

Llega este 8 de mayo de 2022 y me encuentro escribiendo estas líneas recordando el día cuando empezó todo. Añorando esos tiempos que ya no volverán, que me parece no extraño tanto, pero que recuerdo con tanta felicidad.
Feliz Cumple, mi querido La Palabra…!!!.

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