De Rusia a la Argentina: la vertiginosa vida de Galina Sajnova que vive en Rauch y confiesta que esta ciudad «es un brillante»

Galina Sajnova tiene 51 años y en 2004 llegó a Rauch.

Galina Sajnova tiene 51 años y en 1994 llegó desde Rusia a la Argentina. Diez años después se instaló en Rauch, dónde vive junto a su pareja y sus dos hijos. Ama Rauch y se identifica con uno de los más de 15 mil habitantes que todos los días camina las calles de ésta ciudad. Llegó sin hablar nada de castellano.

Hoy es vicedirectora del Centro de Formación Laboral 401 y tiene su propio emprendimiento. Nunca bajó los brazos. Ni siquiera cuando al bajar del avión que la traía desde Rusia se encontró con la primera Villa miseria en Capital Federal. “Lloré tres días seguidos en el Hotel”, confeso.

Los obstáculos fueron barreras que dé a una fue levantando. Como cuando compró un terreno en Glew y comenzó a construir una vivienda “muy precaria” y diferente al departamento que habitaba en Volgogrado, una ciudad industrial de un millón de habitantes. Allí comenzó una nueva vida. Diferente a la de su Rusia natal. Igualmente, nunca pensó en pegar la vuelta, sino enfrentar su nueva vida.

Galina contó su historia a «Destino Rauch» el programa que conduce Adrián Rodríguez y se emite los jueves a las 20 por Canal 2.

Galina Sajnova habla, ríe y se emociona. Esta semana le contó su historia a “Destino Rauch”, el programa que Adrián Rodríguez conduce los jueves a las 20 por Canal 2.

Recuerda como sin pensarlo Argentina apareció en su horizonte. “Quería salir de Rusia porque había cosas que no me gustaban, no me cerraban”, recuerda. Fue así como con su esposo y sus dos hijos pequeños comenzó a pergeñar su salida del país. Primero hubo un intento fallido a Alemania. “Intentamos ir a Alemania, pero no pudo ser. Estados Unidos era otra opción y para nosotros era un sueño. Pero finalmente sin saber nada de nada elegimos Argentina”, relata.

Dejar Rusia no era una tarea sencilla, aunque la idea de salir de un país “cerrado” era más fuerte. Cuando llegó al país –en 1994- sus hijos tenían 4 y 8 años. “Mi mamá me apoyó en la idea de venirnos a Argentina”, cuenta.

Durante la grabación de la entrevista.

Antes de llegar al país recorrieron los diarios a distancia para saber que pasaba en Argentina. Carlos Menem había sido reelecto como presidente de la Nación y el atentado a la AMIA conmovía al país.Vamos a probar dijimos y nos vinimos”. Recuerda que antes “vendimos la casa en Rusia y vinimos a Buenos Aires. Comparamos un terreno en Glew” -en la zona sur en el conurbano- “y lo pagamos 12 mil dólares”.

La vida al principio no le fue fácil. Conseguir empleo era una tarea muy difícil, al igual que el idioma.

Pero igualmente salieron adelante: “Yo cocina tortas y mi esposo las vendía en la calle”, cuenta.

Al poco andar la inseguridad de la zona donde vivía los llevó a buscar un nuevo destino. Fue así como empezar a mirar al interior. “Recorrimos la zona y de todas las ciudades que vimos nos gustó Rauch. La ciudad me encantó. Atrae visualmente porque es una ciudad ordenada y prolija”, dice.

Además –a la hora de evaluar el desembarco- analizaron otros temas: “nos atrajo sabe que en Rauch había una Planta de Reciclados de Residuos”. Y agrega: “acá hay muchas cosas importantes. El Centro de Formación laboral, la Planta de URRA, la Escuela 501, La Pileta cubierta, la Escuela de Estética”.. reflexiona.

“ME SIENTO INTEGRADA A RAUCH”

Se mueve por la ciudad como una rauchense más. Galina tiene su propio emprendimiento de conservas producto de su huerta orgánica donde abunda el pasto verde y las plantas frutales, en el predio donde vive a pocos minutos de la planta urbana. Allí se encarga de producir sus elaboraciones que se venden envasados con una muy atractiva presentación y que se denominan “Na Sdorovie”, y que en ruso significa salud.

“En Rauch me siento integrada, nunca me sentí discriminada. Valoro ésta ciudad que para mí es un brillante. En Rauch soy feliz”.

LOS RECUERDOS DE SU INFANCIA

Galina tiene una hermana y tres sobrinas en Rusia. Su papá –que era ingeniero naval- falleció cuando tenía 12 años y su mamá murió en 2018. “Quisimos traer a mamá a vivir acá. Vino y no se adaptó. Desde los 56 años era ciega. El idioma nunca lo aprendió y a los pocos meses se volvió a Rusia”. Galina recuerda que su infancia “fue normal. Siempre me gustó la naturaleza, la cultura de la huerta y las artesanías. Todo lo aprendí de mi abuela”, recuerda.

En Rusia estudió cocina. Eso le sirvió para su profesión y como defensa en épocas dónde conseguir un empleo no era fácil. Sus días transcurren en Rauch. Rusia, su país de origen, quedó atrás, forma parte de sus recuerdos.

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